EDAD MEDIA:

B. Siglo XV.


Lírica culta.



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Los nobles del siglo XV consideraban que la poesía era una actividad propia del buen caballero, al igual que cazar o jugar al ajedrez. Por ello nos han dejado una obra copiosa que continúa la línea de la poesía trovadoresca medieval. Gran parte de esta poesía del siglo XV fue recopilada en los denominados cancioneros o antologías que recogían numerosas composiciones. Algunos poetas destacados editaron sus poemas por separado en libros independientes.
La poesía gallego-portuguesa decayó a finales del siglo XIV y, a partir de ese momento, el castellano se impuso como lengua de poesía culta.
Los cancioneros no recogen sólo poesías destinadas al canto (canciones) sino también obras destinadas al recitado (decires). Por su tema y extensión se pueden distinguir dos tipos de composición: poesías de amor, canciones o decires breves, compuestos en verso de arte menor con rima consonante; y poemas alegóricos, decires narrativos o filosóficos, muy extensos, escritos en versos de arte mayor y en un lenguaje culto y rebuscado.
En la poesía de cancionero, el amante se dirige a la amada para quejarse de que ésta no se compadece de su dolor y le pide algún gesto de afecto (galardón, merced). El poeta se considera a sí mismo como un cautivo (preso) de su dama, que con sus encantos le ha apresado en una dulce cárcel de amor.
Se pueden destacar algunos cancioneros como:
- El Cancionero de Baena, que recoge ejemplos de la poesía gallego-portuguesa del siglo XIV y castellana de principios del s. XV.
- El Cancionero de Estúñiga, que recoge poesía en castellano incluso la de algunos poetas destacados de la época.
- Los Cancioneros musicales, como el de Palacio, que recogen no sólo las letras sino también las partituras musicales de las composiciones.
- El Cancionero General es la antología más completa de los poetas del siglo XV, editada ya en el siglo XVI.



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Más vale trocar
placer por dolores
que estar sin amores.
donde es agradecido
es dulce morir;
vivir en olvido
aquel no es vivir;
mejor es sufrir
pasión y dolores
que estar sin amores.
Es vida perdida
vivir sin amar;
y más es que vida
saberla emular;
mejor es penar
sufriendo dolores
que estar sin amores.
La muerte es vitoria
do vive afición;
que espere haber gloria
quien sufre pasión:
más vale prisión
de tales dolores
que estar sin amores.
el que es muy penado
más goza de amor;
que el mucho cuidado
le quita el temor;
así que es mejor
amar con dolores
que estar sin amores.
No teme tormento
quien ama con fe,
si su pensamiento
sin causa no fue;
habiendo por qué,
más valen dolores
que estar sin amores.

Amor que no pena
no pida placer,
pues ya le condena
su poco querer:
mejor es perder
placer por dolores
que estar sin amores.

Juan del Encina (1468-1530)




EL MARQUÉS DE SANTILLANA.
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Íñigo López de Mendoza pertenecía a una familia noble de Castilla muy importante. Fue un notable guerrero, ya que participó en la vida política de su época, y gran lector, muy interesado en las novedades que venían de Italia.

Su obra es abundante. Gran parte de ella son canciones de amor cortés en octosílabos y poemas alegóricos en versos de arte mayor. Se suele destacar de su obra los Sonetos fechos al itálico modo, en los queintenta sin éxito de adaptar esta composición procedente de Italia al castellano, y las serranillas, en los que relata sus supuestos encuentros con serranas.


Señora, cual soy venido
Señora, cual soy venido,
tal me parto;
de cuydados más que farto
e dolorido.


¿Quién no se farta de males
e de vida desplaciente,
e las penas desyguales
sufre, callando paçiente,
sinon yo, que sin sentido
me dirán
los que mis males sabrán,
e perdido?
Aved ya de mí dolor;
que los dolores de muerte
me çercan en de redor,
e me facen guerra fuerte.
Tomadme en vuestro partido
como quiera,
porque, viviendo, no muera
aborrido.

Pero al fin fazed, señora,
como querades; que yo
no seré punto ni ora
sino vuestro, cuyo só.
Sin favor o favorido
me tenedes
muerto, si tal me queredes,
o guarido.


Versión de Juan/Johannes Cornago (Calahorra, 1400 - ¿1475?)



JUAN DE MENA.

Estudió en Salamanca, vivió en Italia y en España fue nombrado cronista oficial del reino bajo Juan II de Castilla. Fue un hombre muy interesado por la poesía clásica latina, cuya complejidad y grandeza intentó recrear en castellano. Su obra más importante fue el poema alegórico en arte mayor Laberinto de Fortuna, en el que el poeta repasa la historia y saca lecciones para el presente.



JORGE MANRIQUE.

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Era hijo de uno de los hombres más poderosos de la época y vivió bajo los ideales de la nobleza de su tiempo: ser gran guerrero y buen poeta.

Aunque escribió importantes poemas de amor, su gran logro fueron sus Coplas a la muerte de su padre, una elegía en honor al mismo.

Se puede hablar de dos partes en esta obra. Las primeras estrofas desarrollan el tópico de la fugacidad de la vida a través de la pregunta retórica del Ubi sunt (¿dónde están los que vivieron antes que nosotros?) y en las que pone como ejemplo a personajes célebres ya desaparecidos; y, al final de la obra, nos presenta la muerte concreta de su padre, que afronta con resignación cristiana esperando que exista una vida eterna tras la muerte.

Esta obra no es sólo un canto a la muerte de un padre, sino una reflexión sobre la propia vida y sobre la muerte, sobre el valor del poder y las riquezas mundanas y de la fama. En ella se concluye que al guerrero cristiano le espera la vida eterna y la fama por sus hazañas.

La estrofa utilizada por Manrique en esta obra es la denominada “copla de pie quebrado” o "estrofa manriqueña", formada por una alternancia entre versos octosílabos y tetrasílabos o pentasílabos. El esquema estrófico es el siguiente: 8a, 8b, 4 o 5c, 8a, 8b, 4 o 5c…


I

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

II

Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
mas que duró lo que vio,
pues que todo ha de pasar
por tal manera.

III

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir,
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.
V

Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.

XII

Los placeres y dulzores
de esta vida trabajada
que tenemos,
no son sino corredores,
y la muerte, la celada
en que caemos.
No mirando a nuestro daño,
corremos a rienda suelta
sin parar;
desque vemos el engaño
y queremos dar la vuelta,
no hay lugar.

XIV

Esos reyes poderosos
que vemos por escrituras
ya pasadas,
con casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
trastornadas;
así que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
y prelados,
así los trata la Muerte
como a los pobres pastores
de ganados.
XXV

Aquel de buenos abrigo,
amado por virtuoso
de la gente,
el maestre Don Rodrigo
Manrique, tanto famoso
y tan valiente;
sus hechos grandes y claros
no cumple que los alabe,
pues los vieron,
ni los quiero hacer caros
pues que el mundo todo sabe
cuáles fueron.

XXXIII

Después de puesta la vida
tantas veces por su ley
al tablero;
después de tan bien servida
la corona de su rey
verdadero;
después de tanta hazaña
a que no puede bastar
cuenta cierta,
en la su villa de Ocaña
vino la Muerte a llamar
a su puerta

XXXIV

diciendo: -«Buen caballero
dejad el mundo engañoso
y su halago;
vuestro corazón de acero
muestre su esfuerzo famoso
en este trago;
y pues de vida y salud
hicisteis tan poca cuenta
por la fama,
esfuércese la virtud
para sufrir esta afrenta
que os llama.

XL

Así, con tal entender
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos y hermanos
y criados,
dio el alma a quien se la dio
(el cual la dio en el cielo
en su gloria),
que aunque la vida perdió,
dejonos harto consuelo
su memoria.