EDAD MEDIA:

B. Siglo XV.


Lírica tradicional: El romancero.




En el siglo XV ya no se componen cantares de gesta, sino que se impone, a causa del gusto tanto del público como del de los juglares, un nuevo género poético denominado romance.
Es posible que, si un juglar comprobaba que no fuera del gusto del público algunas partes de los cantares de gesta, seleccionara las partes que podían ser más interesantes. Así pueden haber surgido los romances, que son canciones con un número indeterminado de versos, compuestas en octosílabos cuyos versos pares riman entre sí y los impares quedan sueltos, aunque existen variedades de romances no octosilábicos. La extensión de los mismos es muy variable.

- Clasificación:

Según su origen podemos distinguir tres tipos de romances: romancero viejo (recopilados en época medieval y renacentista), romancero nuevo (de artistas cultos), y romancero oral (que han llegado de forma oral hasta nuestros días).
Según la estructura, podemos clasificar los romances en romance cuento (narran la historia completa con introducción, nudo y desenlace) y romance escena (se centran en un momento determinado de la historia sin presentar los personajes ni aclarar cómo terminan sus aventuras).
Según el tema, se pueden distinguir tres tipos de romances principales: los romances épicos (abordan momentos decisivos de la vida de un héroe), los romances fronterizos (narran enfrentamientos entre cristianos y moros durante la Reconquista) y los romances novelescos (cuentan historias sorprendentes protagonizadas por enamorados cuyo amor se enfrenta a un obstáculo inevitable).
Los romances viejos recurren a menudo a arcaísmos, palabras o fórmulas que ya estaban en desuso cuando se compusieron, recurso con el que se consigue que parezcan más antiguos de lo que son. Algunos de estos arcaísmos son: utilización da la e- paragógica, e que se añade al final de la última palabra del verso (amare/ amar, male/mal); utilización de la f- inicial en palabras que se escribían ya con h (fablar/hablar); uso del artículo ante el posesivo (la mi madre), o uso del vocativo con artículo (Dígasme, tú, el ermitaño). También hacen un uso peculiar de los tiempos verbales, así, en un mismo verso pueden aparecer combinados diferentes tiempos verbales como pasado y futuro (Allí fabló el conde Arnaldos, bien oiréis lo que dirá).


Diferencia entre un romance viejo y un romance culto:

Romance del prisionero


Por el mes era de mayo
cuando hace la calor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados 5
van a servir al amor,
sino yo, triste cuitado,
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es de día,
ni cuándo las noches son, 10
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero
¡Dele Dios mal galardón!
Cabellos de mi cabeza 15
lléganme al corvejón,
los cabellos de mi barba
por manteles tengo yo;
las uñas de las mis manos
por cuchillo tajador. 20
Si lo hacía el buen rey,
hácelo como señor,
si lo hace el carcelero,
hácelo como traidor.
Mas quien ahora me diese 25
un pájaro hablador,
siquiera fuese calandria,
o tordico, o ruiseñor,
criado fuese entre damas
y avezado a la razón, 30
que me lleve una embajada
a mi esposa Leonor:
que me envíe una empanada,
no de trucha, ni salmón,
sino de una lima sorda 35
y de un pico tajador:
la lima para los hierros
y el pico para el torreón.
Oídolo había el rey,
mandóle quitar la prisión. 40
ROMANCE DE LA LUNA, LUNA
A Conchita García Lorca
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido 5
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
-Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos, 10
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
-Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque 15
con los ojillos cerrados.
-Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
-Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado. 20
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían, 25
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol! 30
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela. 35
el aire la está velando.

Federico García Lorca, Romancero Gitano, 1928.
Gerineldo:

CONDE OLINOS + GERINELDO


Una noche de lunar se levantó Gerinal,
llev'el caballo a beber a las orillas del mar.
Mientras el caballo bebe cantaba un lindo cantar
que se lo oyó el buen rey de su palacio real.
-Ay, ven acá, hija mía; ven acá y a escuchar 5
cómo canta la sirene a las orillas del mar.
-Padre, ésa no es la sirene, ni tampoco su cantar:
ay, es el Gerinaldo que a mí me quiere engañar.
-Si te engaña Gerinaldo, si a ti te quiere engañar,
si te engaña Gerinaldo lo mandaremos matar. 10
-Si usté mata a Gerinaldo, si usté lo manda matar,
si usté mata a Gerinaldo, de viva me voy'nterrar.
Allá por la media noche
se levantó el buen rey para rondar su castillo
y llamó por Gerinaldo; Gerinaldo no le ha oído. 15
Y llamó por Gerinaldo y le habló Bernardino:
-Entre damas no está, entre la infanta no digo.
y se fue junto a la infanta: en la cama está tendido.
Si mato a Gerinaldo lo crié de chiquitillo
y si mato a la infanta me quedé el reino perdido. 20
Y aquí le dejo mi espada que le sirva de testigo.
-Gerinaldo, Gerinaldo, qué mal sueño hemos tenido:
la espada de mi padre entre nos está tendida.
Levántate, Gerinaldo, y dase los buenos días.
-¿D'ónde vienes, Gerinaldo, tan blanco y descolorido? 25
O vienes de entre damas o de robar mi castillo.
-Ni vengo de entre damas ni de robar su castillo;
vengo de recoger flores a las orillas del río.
-Gerinaldo, Gerinaldo, ¡buenas flores has cogido!
Cásate con mi infanta y mi infanta contigo. 30
-Porque soy criado vuestro, señor, os burláis conmigo.
-No burlo, no, Gerinaldo, que de veras te lo digo:
cásate con mi infanta, serás rey de mi castillo.
-Casadme con la infanta, buen rey;no sé la infanta conmigo,
que lo que tienen mis padres no alcanza par'un vestido. 35
-Si lo has dar de paño gordo, dáselo de paño fino
y si no de sermo blanco, que así lo ha merecido.

Romance de Gerineldo


Levantóse Gerineldo
que al rey dejara dormido,
fuese para la infanta
donde estaba en el castillo.
- Abráisme, dijo, señora, 5
abráisme, cuerpo garrido.
-¿Quién sois vos, el caballero,
que llamáis a mi postigo?
-Gerineldo soy, señora,
vuestro tan querido amigo. 10
Tomárala por la mano,
en un lecho la ha metido,
y besando y abrazando
Gerineldo se ha dormido.
Recordado había el rey 15
de un sueño despavorido;
tres veces lo había llamado,
ninguna le ha respondido.
-Gerineldo, Gerineldo,
mi camarero pulido, 20
si me andas en traición,
trátasme como a enemigo.
O dormías con la infanta
o me has vendido el castillo.
Tomó la espada en la mano, 25
en gran saña va encendido,
fuérase para la cama
donde a Gerineldo vido.
Él quisiéralo matar,
mas criole de chiquito. 30
Sacara luego la espada,
entre entrambos la ha metido,
porque desque recordase
viese cómo era sentido.
Recordado había la infanta 35
y la espada ha conocido.
-Recordaos, Gerineldo,
que ya érades sentido,
que la espada de mi padre
yo me la he bien conocido. 40
Conde Olinos:


ROMANCE DEL AMOR MÁS PODEROSO
QUE LA MUERTE


CONDE niño por amores
es niño y pasó la mar;
va a dar agua a su caballo
la mañana de San Juan.
Mientras el caballo bebe, 5
él canta dulce cantar,
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar,
caminante que camina
olvida su caminar, 10
navegante que navega
la nave vuelve hacia allá.

La reina estaba labrando,
la hija durmiendo está:
-Levantaos, Albaniña, 15
de vuestro dulce folgar,
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mar.
-No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar, 20
si no es el conde Niño
que por mi quiere finar.
¡Quién le pudiese valer
en su tan triste penar!
-Si por tus amores pena, 25
¡oh, mal haya su cantar!,
y porque nunca los goce,
yo le mandaré matar.
-Si le manda matar, madre,
juntos nos han de enterrar. 30

Él murió a la medianoche,
ella a los gallos cantar;
a ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar;
a él, como hijo de conde, 35
unos pasos más atrás.
Della nació un rosal blanco,
d'él nació un espino albar;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar, 40
las ramitas que se alcanzan
fuertes abrazos se dan,
y las que no se alcanzaban
no dejan de suspirar


La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.

Della naciera una garza, 45
d'él un fuerte gavilán,
juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan par a par.

CONDE OLINOS


Conde Olinos por amores es niño y bajó a la mar,
fue dar agua a su caballo la mañana de San Juan.
Desde las torres más altas la reina le oyó cantar:
-Mira, niña, cómo canta la sirenita del mar.
-No es la sirenita, madre, que ésa tiene otro cantar: 5
es la voz del conde Niño que por mí llorando está.
-Si es la voz del conde Niño yo le mandaré a matar,
que para casar contigo le falta sangre real.
-No lo mande matar, madre, no lo mande usted matar,
que si lo manda a matar, madre, juntos nos han de enterrar. 10
Guardias mandaba la reina al conde Niño buscar,
que le maten a lanzadas y su cuerpo echen al mar.
El murió a la media noche y ella a los gallos cantar;
ella, como hija de reyes, la entierran en el altar
y él, como hijo de condes, tres pasitos más atrás. 15
De ella nació una rosa y de él un tulipán;
la madre, llena de envidia, ambos los mandó cortar.
De ella nació una paloma, de él un fuerte gavilán.
Juntos vuelan por el cielo, juntos vuelan par a par.
La malcasada:


ME CASÓ MI MADRE

ME casó mi madre
chiquitita y bonita,
con unos amores
que yo no quería.
La noche de novios 5
entraba y salía.
Le seguí los pasos
por ver dónde iba,
y le veo entrar
en ca su querida. 10
Me puse a escuchar
a ver qué decían,
y oigo que le dice:
«Palomita mía,
a ti he de comprarte 15
sayas y mantillas,
y a la otra mujer
palo y mala vida.»
Me fui para casa
triste y afligida; 20
púseme a cenar,
cenar no podía;
me puse a coser,
coser no podía,
me puse a rezar, 25
rezar no podía;
me puse al balcón
por ver si venía.
Ya escuché su pasos
por la calle arriba. 30
Llegóse a la puerta,
llamando decía:

«Ábreme la puerta,
abre, vida mía,
que vengo cansado 35
de ganar la vida.»
«Tú vienes, traidor,
de ver la querida;
bien te oía decirle:
Palomita mía, 40
a ti he de comprarte
sayas y mantillas,
y a la otra mujer
palo y mala vida.»

La malcasada


(Versión documentada en Canarias)

Me casó mi madre chiquita y bonita
con un muchachito que yo no quería.
A la media noche el pícaro salía
con capa terciada y espada ceñida.
Le seguí sus pasos por ver dónde iba 5
Y lo vi entrar casa su querida.
Me puse a escuchar por ver qué decía
y lo oí decir: -Cielo y alma mía,
para ti te compro flores y mantillas,
para mi mujer palo en las costillas. 10
Me vine pa casa por ver si venía;
me puse a planchar, planchar no podía;
me puse a fregar, fregar no podía;
me puse a barrer, barrer no podía;
me asomé al balcón por ver si venía; 15
lo veí subir por la calle arriba,
venía diciendo: -Ábreme, María,
que vengo cansado de buscar la vida.
Tú vienes cansado casa tu querida.
-¡Mujer del diablo, quién te lo diría! 20
-¡Hombre los diablos, yo que lo sabía!
La Serrana de la Vera:

serrana.jpg

Allá en Garganta la Olla,
por las tierras de la Vera,
se pasea la Serrana
bien calada su montera;
con la honda en la cintura
y terciada su escopeta.

Se ha encontrado a un pastorcillo
que jugaba a la rayuela
y la dice: -Pastorcillo,
bien remachan tus ovejas.

-Remachen o no remachen,
qué cuidado le da a ella.

-Pastorcito, pastorcito,
¿sabes tocar la vihuela?

-Sí, señora; sí, señora,
el rabel si usted me diera.

Le ha cogido por la mano,
le lleva para su cueva.
No le lleva por caminos,
ni tampoco por veredas.
Le lleva por unos montes
más espesos que la yerba.

-Pastorcito, pastorcito,
esta noche, rica cena,
de perdices y conejos
la pretina traigo llena.

En lo más alto del monte
le encontraron ya en la cueva.
Cuando entraron, la Serrana
le mandó cerrar la puerta;
y el pastor, como era diestro,
la dejó un poco entreabierta.
Agarrado por la mano
le ha subido la escalera;
le mandó luego hacer lumbre
y al resplandor de la hoguera
ha visto un montón de huesos
y un montón de calaveras.

-¿Cuyos son aquí estos huesos
y estas tantas calaveras?
-De hombres que yo he matado
por esos montes y sierras,
como contigo he de hacer
cuando mi voluntad sea.
Pastorcito, pastorcito,
toma y toca esa vihuela.

El pastor no se atrevía
Y a tocar le obligó ella.
La serrana se durmió
al compás de la vihuela.
El pastor la vio dormida
y se echó de puerta afuera.

La serrana despertó
aullando como una fiera
y saltando como corza
le siguió un cuarto de legua.


-Pastorcito, pastorcito,
que la cayada te dejas,
-Mucho palo hay en el monte
para hacer otra más nueva.
-Pastorcito, pastorcito,
que te dejas la montera.
-Mucho paño hay en mi pueblo
para hacer otra más buena.
-Pastorcito, pastorcito,
que te dejas una oveja.
-Aunque cien mil me dejara,
a por ellas no volviera.

Con la honda, la serrana
tiró al pastor una piedra,
que si no es por una encina
le derriba la cabeza.
Anda, le dice, villano,
que me dejas descubierta;
que mi padre era pastor
y mi madre fue una yegua;
que mi padre comía pan
y mi madre pacía yerba.
En el camino de Garganta,
cinco leguas de Plasencia,
habitaba una serrana
alta, rubia y sandunguera.

Vara y media de cintura,
cuarta y media de muñeca,
los cabellos que tenía
hasta los zancos la llegan.

Cuando tenía ganas de agua
se subía a las altas peñas,
cuando tenía ganas de hombres
se bajaba de la sierra.

Vio venir a un serranillo
con una carga de leña,
al que cogió de la mano
y a la cueva se lo lleva.

No le lleva por camino,
ni tampoco por vereda,
le lleva por altos montes,
por donde nadie les vea.


Ya tratan de hacer lumbre
con huesos y calaveras
de los hombres que ha matado
aquella terrible fiera.

Ya trataron de cenar
aquella excelente cena,
de conejos y perdices
y tórtolas y aligüeñas.

Bebe, serranillo, bebe,
agua de esa calavera,
que podrá ser que algún día
otros de la tuya beban.

Ya trataron de acostarse,
le mandó cerrar la puerta
y el serrano, que es muy cuerdo,
la ha dejado medio abierta.

Cuando la sintió dormida,
se ha salido para afuera.
Media legua lleva andando
y sin volver la cabeza.

Cuando le ha echado de menos,
ha salido para afuera.
Puso una piedra en la honda,
que pesaba arroba y media.

Con el aire que llevaba
le ha tumbado la montera,
y si no es por una encina,
le derriba la cabeza.

-Vuelve, serranillo, vuelve;
vuelve atrás por tu montera,
que es de paño fino y bueno
y es lástima que se pierda.

-Si se pierde, que se pierda;
no me importa la montera,
mi madre me compra otra,
y si no me estoy sin ella.

-Por Dios te pido, serrano,
que no descubras mi cueva,
que si acaso la descubres,
te he de cortar la cabeza.

-Tu padre será el caballo,
tu madre será la yegua,
y tú serás el potrito
que relinche por la sierra.