EDAD MEDIA


A. Siglos XI-XIV.

Narrativa tradicional. Cantares de gesta.


Los poemas épicos medievales se llaman también Cantares de Gesta. Se trata de poemas narrativos que cuentan las hazañas de un héroe, un guerrero valioso que desempeña hazañas o gestas dignas de ser admiradas. Estos poemas narrativos se divulgaban oralmente por los juglares que los recitaban o cantaban.
La métrica de los cantares era irregular, sus versos oscilaban entre 12 y 18 sílabas. Eran tan largos que, posteriormente, se dividieron en dos hemistiquios dando lugar a unas composiciones denominadas romances. Cada tira (estrofa) contiene la misma rima.
Uno de los poemas más importantes de esta época es el Poema de Mío Cid, no conservamos sus manuscritos, pero sí una copia realizada en el siglo XIV. No es fácil adivinar si Per Abbat se limitó a copiar una obra anónima transmitida por juglares o dio forma nueva a la obra sirviéndose de su propio talento.
La obra está dividida en tres cantares que relatan cómo, a causa de una acusación falsa de sus enemigos, El Cid es desterrado por el rey Alfonso VI de Castilla. En el exilio, este personaje, junto a sus amigos, se dedica a realizar múltiples hazañas y proezas guerreras al reconquistar territorio conquistado por los musulmanes. Los beneficios obtenidos, tanto el territorio como el botín, se lo ofrece a su rey que, finalmente lo perdona y, como muestra de su perdón, casa a las hijas del Cid con los infantes de Carrión, que resultan ser unos traidores. El Cid exige justicia y se venga de sus yernos en un grandioso torneo. Todo el poema gira en torno a la recuperación de la honra.


EL CANTAR DE MIO CID:





Primera canción del disco Cantar de mio Cid: La canción del destierro de Emiliano Valdeolivas (1985)

Mío Cid Ruy Díaz   por Burgos entróve,
van en su compañía   sesenta pendones;
salen a verlo   mujeres y varones,
burgueses y burguesas   a las ventanas se ponen,
llorando de los ojos,   ¡tan grande era su dolor**!**
De las sus bocas   todos decían una razón
«¡Dios, qué buen vasallo,   si tuviese buen señor!»
 
[...]
 
Le hospedarían con gusto,   pero ninguno osaba**:**
que el rey don Alfonso   le tenía gran saña.
Antes de la noche   en Burgos entró su carta
con gran mandamiento   y fuertemente sellada
que a mío Cid Ruy Díaz   que nadie le diese posada
y aquellos que se la diesen   supiesen vera palabra
que perderían sus bienes   y además los ojos de la cara,
y aun además   los cuerpos y las almas.
Grande duelo tenían   las gentes cristianas;
se esconden de mío Cid,   que no osan decirle nada.
El Campeador   se dirigió a su posada;
cuando llegó a la puerta, la halló bien cerrada,
por miedo del rey Alfonso, así ellos acordaran:
que a menos que la rompiese,   no se la abrirían por nada.
Los de mío Cid   a altas voces llaman,
los de dentro   no les querían responder palabra.
Aguijó mío Cid,   a la puerta se llegaba,
sacó el pie del estribo,   un fuerte golpe daba;
no se abre la puerta,   que estaba bien cerrada.
Una niña de nueve años   a mío Cid se acercaba:
«Ya Campeador,   en buen hora ceñiste espada
«El rey lo ha vedado,   anoche entró su carta,
«con gran mandamiento   y fuertemente sellada.
«No os osaríamos   abrir ni acoger por nada;
«si no, perderíamos   los bienes y las casas,
«y aún además   los ojos de las caras.
«Cid, en nuestro mal   vos no ganáis nada;
mas el Criador os guarde   con todas sus virtudes santas».
Esto la niña dijo   y tornó para su casa.
Ya lo ve el Cid   que del rey no esperaba gracia.
Partióse de la puerta,   por Burgos aguijaba,
llegó a Santa María,   luego descabalga;
hincó las rodillas,   de corazón rogaba.
La oración hecha,   luego cabalgaba;
salió por la puerta,    el río Arlanzón pasaba.
Junto a la villa de Burgos   en la glera acampaba,
mandó plantar las tiendas,   después descabalgaba.
Mío Cid Ruy Díaz,   el que en buen hora ciñó espada,
acampó en la glera   que nadie le abre su casa;
están junto a él   los fieles que le acompañan.
Así acampó mío Cid   como si fuese en montaña.
 









Cantar III: La afrenta de Corpes


[En el segundo Cantar, el Cid continuó sus campañas y conquistó Valencia. Todos sus hombres ya eran muy ricos. Como símbolo de su honor, el Cid dejó crecer su barba. El éxito del Cid causó que García Ordóñez se pusiera envidioso y que los Infantes de Carrión se pusieran codiciosos. Éstos pensaron casarse con las hijas del Cid. Jimena y las hijas se reunieron con el Cid en Valencia. Hubo más batallas y al Cid le gustó que su familia pudiera verle luchar. Puesto que el Cid había ganado tanto, el Rey Alfonso perdonó al Cid y propuso el matrimonio entre sus hijas y los Infantes. Al Cid no le gustó la idea pero aceptó con tal que el Rey se tomara la responsabilidad por estos casamientos. Ya en el tercer cantar, los Infantes se han casado con las hijas del Cid y viven con sus hombres. Un día, un león que tenían se escapó de su jaula.]


Episodio del león:

leon-sonriente.jpg



En Valençia seye mio Çid | con todos sus vassallos,
con el amos sus yernos | los ifantes de Carrion. 2280

Yazies en un escaño, | durmie el Campeador;
mala sobrevienta | sabed que les cuntio:
salios de la red | e desatos el leon.
En grant miedo se vieron | por medio de la cort;
enbraçan los mantos | los del Campeador 2285

e çercan el escaño | e fincan sobre so señor. f.47r

Ferran Gonçalez non vio alli dos alçasse, | nin camara abierta nin torre,
metios so'l escaño | tanto ovo el pavor;
Diego Gonçalez | por la puerta salio
diziendo de la boca: | «¡Non vere Carrion!» 2290

Tras una viga lagar | metios con grant pavor,
el manto y el brial | todo suzio lo saco.
En esto desperto | el que en buen ora naçio,
vio çercado el escaño | de sus buenos varones:
«¿Ques esto, mesnadas, | o que queredes vos?» 2295

«¡Hya señor ondrado | rebata nos dio el leon!»
Mio Çid finco el cobdo, | en pie se levanto,
el manto trae al cuello | e adeliño pora[l] leon;
el leon quando lo vio | assi envergonço
ante mio Çid la cabeça premio | y el rostro finco; 2300

mio Çid don Rodrigo | al cuello lo tomo
e lieva lo adestrando, | en la red le metio.
A maravilla lo han | quantos que i son
e tornaron se al (a)palaçio | pora la cort.
Mio Çid por sos yernos | demando e no los fallo, 2305

mager los estan lamando | ninguno non responde.
Quando los fallaron | assi vinieron sin color;
¡non viestes tal guego | commo iva por la cort!
Mandolo vedar | mio Çid el Campeador.
Muchos tovieron por enbaidos | los ifantes de Carrion; 2310

fiera cosa les pesa | desto que les cuntio.



En Valencia estaba el Cid y los que con él son;
con él están sus yernos, los infantes de Carrión.
Echado en un escaño, dormía el Campeador,
cuando algo inesperado de pronto sucedió:
salió de la jaula y desatóse el león.
Por toda la corte un gran miedo corrió;
embrazan sus mantos los del Campeador
y cercan el escaño protegiendo a su señor.
Fernando González, infante de Carrión,
no halló dónde ocultarse, escondite no vio;
al fin, bajo el escaño, temblando, se metió.
Diego González por la puerta salió,
diciendo a grandes voces: «¡No veré Carrión!»
Tras la viga de un lagar se metió con gran pavor;
la túnica y el manto todo sucios los sacó.
En esto despertó el que en buen hora nació;
a sus buenos varones cercando el escaño vio:
«¿Qué es esto, caballeros? ¿ Qué es lo que queréis vos?»
«¡Ay, señor honrado, un susto nos dio el león».
Mío Cid se ha incorporado, en pie se levantó,
el manto trae al cuello, se fue para el león;
el león, al ver al Cid, tanto se atemorizó
que, bajando la cabeza, ante mío Cid se humilló.
Mío Cid don Rodrigo del cuello lo cogió,
lo lleva por la melena, en su jaula lo metió.
Maravillados están todos lo que con él son;
lleno de asombro, al palacio todo el mundo se tornó.
Mío Cid por sus yernos preguntó y no los halló;
aunque los está llamando, ninguno le respondió.
Cuando los encontraron pálidos venían los dos;
del miedo de los Infantes todo el mundo se burló.
Prohibió aquellas burlas mío Cid el Campeador.
Quedaron avergonzados los infantes de Carrión.
¡Grandemente les pesa esto que les sucedió!


La afrenta de Corpes:


[El rey de Marruecos ataca Valencia. Los hombres del Cid salen victoriosos, y el Cid gana otra espada, Tizona (o Tizón). Pero los Infantes de Carrión otra vez prueban su cobardía. Se sienten humillados y conciben un plan para vengarse del Cid y de sus hombres. Piden permiso al Cid para llevar a sus mujeres a Carrión. El Cid se lo permite, pero también les pide que pasen por tierras del rey Abengalbón para pedirle protección durante su viaje. Los Infantes, codiciosos de la riqueza del moro, conspiran para matarlo. Afortunadamente se descubre su plan y Abengalbón los deja. Llegan los Infantes al robledo de Corpes.]



las-hijas-del-cid-ignacio-pinazo-1879.jpg


entrados son los ifantes | al robredo de Corpes,los montes son altos, | las ramas pujan con las nues,e las bestias fieras | que andan aderredor. 2700Falaron un vergel | con una linpia fuent,mandan fincar la tienda | ifantes de Carrion;con quantos que ellos traen | i yazen essa noch.Con sus mugieres en braços | demuestran les amor:¡mal gelo cunplieron | quando salie el sol! 2705
[Mandan adelantarse a todos, y se quedan ellos solos con sus esposas.]
Todos eran idos, | ellos solos son.Tanto mal comidieron | los ifantes de Carrion:«Bien lo creades | don Elvira e doña Sol: 2715aqui seredes escarnidas | en estos fieros montes;oy nos partiremos | e dexadas seredes de nos,non abredes part | en tierras de Carrion.Hiran aquestos mandados | al Çid Campeador;¡nos vengaremos aquesta | por la del leon!» 2720Alli les tuellen | los mantos e los pelliçones,paran las en cuerpos | y en camisas y en çiclatones.Espuelas tienen calçadas | los malos traidores,en mano prenden las çinchas | fuertes e duradores.Quando esto vieron las dueñas | fablava doña Sol: 2725«¡Por Dios vos rogamos don Diego e don Ferando!Dos espadas tenedes | fuertes e tajadores- al una dizen Colada | e al otra Tizon -¡cortandos las cabeças, | martires seremos nos!Moros e christianos | departiran desta razon, 2730que por lo que nos mereçemos | no lo prendemos nos;¡atan malos enssienplos | non fagades sobre nos!Si nos fueremos majadas | abiltaredes a vos,retraer vos lo an | en vistas o en cortes.» f.55vLo que ruegan las dueñas | non les ha ningun pro. 2735Essora les conpieçan a dar | los ifantes de Carrion,con las çinchas corredizas | majan las tan sin sabor,con las espuelas agudas | don ellas an mal saborroupien las camisas e las carnes | a ellas amas a dos;linpia salie la sangre | sobre los çiclatones. 2740Ya lo sienten ellas | en los sos coraçones.¡Qual ventura serie esta | si ploguiesse al Criadorque assomasse essora | el Çid Campeador!
En el robledo de Corpes entraron los de Carrión,los robles tocan las nubes, ¡tan altas las ramas son!Las bestias fieras andan alrededor.Hallaron una fuente en un vergel en flor;mandaron plantar la tienda los infantes de Carrión,allí pasaron la noche con cuantos con ellos son;con sus mujeres en brazos demuéstranles amor;¡mal amor les mostraron en cuanto salió el sol!
[Mandan adelantarse a todos, y se quedan ellos solos con sus esposas.]
Todos se habían ido, ellos cuatro solos son,así lo habían pensado los infantes de Carrión:«Aquí en estos fieros bosques, doña Elvira y doña Sol,«vais a ser escarnecidas, no debéis dudarlo, no.«Nosotros nos partiremos, aquí quedaréis las dos;«no tendréis parte en tierras de Carrión.«Llegarán las nuevas al Cid Campeador,«así nos vengaremos por lo del león».Los mantos y las pieles les quitan los de Carrión,con sólo las camisas desnudas quedan las dos,los malos traidores llevan zapatos con espolón,las cinchas de sus caballos ásperas y fuertes son.Cuando esto vieron las damas así hablaba doña Sol:«Don Diego y don Fernando, os rogamos por Dios,«dos espadas tenéis, fuertes y afiladas son,«el nombre de una es Colada, a la otra dicen Tizón,«cortadnos las cabezas, mártires seremos nos.« Moros y cristianos hablarán de vuestra acción,« dirán que no merecimos el trato que nos dais vos.«Esta acción tan perversa no la hagáis con nos«si así nos deshonráis, os deshonraréis los dos;«ante el tribunal del rey os demandarán a vos».Lo que ruegan las dueñas de nada les sirvió.Comienzan a golpearlas los infantes de Carrión;con las cinchas de cuero las golpean sin compasión;así el dolor es mayor, los infantes de Carrión:de las crueles heridas limpia la sangre brotó.Si el cuerpo mucho les duele, más les duele el corazón.¡Qué ventura tan grande si quisiera el Criadorque en este punto llegase mio Cid el Campeador!
[Los Infantes dejan así a las hijas del Cid y se van. Féliz Muñoz vuelve y las descubre y las lleva a San Esteban de Gormaz. La noticia de tal abuso llega al rey y al Cid].


robledo, robles: árboles fuertes
vergel florido: jardín o lugar con flores
escarnecidas: humilladas
no tendréis parte: no compartiréis
espolón: espuela