EDAD MEDIA


A. Siglos XI-XIV.


Poesía culta. El mester de clerecía.



Al mismo tiempo que el pueblo memoriza y transmite la poesía tradicional oral y anónima, en las cortes y en los monasterios se componen también poemas. Los escritos por los nobles exaltan el amor y los de los clérigos abogan por el amor de Dios y la salvación de las almas.
LA POESÍA TROVADORESCA. En los siglos XI y XII se desarrolla en Provenza, sur de Francia, un tipo de poesía lírica cortesana, vinculada a la corte, que es cultivado por los denominados trovadores. Esta poesía está destinada a ser cantada, en ella se da una gran importancia a la forma (rimas, ritmo…). El tema fundamental de las mismas es el denominado amor cortés que consiste en que el poeta elige como objeto de su amor a una dama casada y se convierte en el más humilde de sus servidores y, para intentar ganar su corazón, compone en su honor canciones en las que él se transforma en servidor de la amada a la que considera una diosa, a veces su enemiga, y él muere de amor por ella. Esta poesía se difunde por Europa y los mismos poetas que cultivaron en gallego-portugués las cantigas de amigo, también compusieron en portugués cantigas de amor al modo provenzal, en las que el poeta se dirige a su amada quejándose de su indiferencia y hostilidad.

EL MESTER DE CLERECÍA. A mediados del siglo XII la iglesia medieval se encuentra con el problema de que sus predicadores no son entendidos. A partir de ahora escribirán no en latín sino en lengua vulgar o romance y aprovechan algunos recursos de la poesía trovadoresca (transmitida por los juglares), la preferida por el pueblo.
Esta poesía está compuesta por estrofas de cuatro versos que riman en consonante y cuya medida es generalmente de catorce sílabas (alejandrino). Los temas tratados son sagrados.
En el siglo XIII el representante de esta corriente es Gonzalo de Berceo cuya obra más conocida es Los milagros de nuestra señora y, en el siglo XIV El Arcipreste de Hita con su Libro del Buen Amor.





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GONZALO DE BERCEO: Milagros de Nuestra Señora.


Gonzalo de Berceo nació en Berceo (Logroño) hacia 1196, fue un clérigo que vivió durante mucho tiempo en el convento de San Millán de la Cogolla. Con el fin de atraer peregrinos al convento escribió una serie de obras que tratan sobre la vida de los santos y los milagros de la virgen. Su obra más conocida, Los Milagros de Nuestra Señora, es una colección de veinticinco relatos en los que el protagonista de los mismos suele ser un personaje pecador, pero muy devoto de la virgen. El personaje está en peligro de ir al “infierno” o de condenarse y pide ayuda a la virgen que interviene para salvar el alma del mismo. El mensaje es muy claro para el lector: por su alma se salvará si cree y se acoge a la virgen.

El argumento de los milagros está basado en obras latinas, Berceo las tradujo y modificó. En la Edad Media la “imitatio” (imitación) era legítima.

La obra tiene una introducción en la que aparece el poeta en un hermoso jardín muy verde, lleno de pájaros cantando, que no es más que una alegoría repleta de metáforas en la que las fuentes de agua representan a los evangelios; el prado verde, la virginidad de María…


Milagro VIII: El romero de Santiago


¡Amigos y- señores, por Dios y, caridad
oid otro milagro, hermoso de verdad:
San Hugo lo escribió, de Cluny fue abad,
y aconteció a un monje de su comunidad.
Un fraile de su casa Giraldo era llamado,
antes que fuese monje no era muy enseñado,
vez en vez hacía locura y pecado
como hombre soltero que vive sin cuidado1.
Vínole al corazón, tal como estaba, un día,
al apóstol de España irse de romería;
dispuso sus asuntos, buscó su compañía,
ajustaron el término2 que tomarían su vía.
Cuando iban a salir, hizo una enemiga3:
no guardó penitencia como la ley obliga,
en vez de vigilia yació con su amiga
y metióse en camino con esta mala ortiga.
No había andado mucho aún de la carrera
-apenas podía ser la jornada tercera-
cuando tuvo un encuentro por una carretera:
mostrábase por bueno, y en realidad no lo era.
El enemigo antiguo siempre fue gran traidor,
y es de toda enemiga maestro sabedor;
a las veces semeja un ángel del Criador
y es en vez diablo fino, un mal sonsacador4.
El falso transformóse en ángel verdadero,
parósele delante en medio de un sendero:
«Seas el bienvenido -le dijo a éste romero-;
me pareces de veras simple como un cordero.
Saliste de tu casa por venir a la mía,
cuando salir quisiste hiciste una folía5:
¿piensas sin penitencia cumplir tal romería?
no te agradecerá esto Santa María»

Vocabulario
1 Cuidado: sin preocupación
2 Término: plazo
3 Enemiga: mala acción
4 Sonsacador: el que obtiene algo con habilidad.
5 Folía: locura.

«¿Y quién sois vos, señor?» preguntóle el romero.
Respondóle: Santiago, hijo de Zebedeo.
Sábelo bien, amigo, andas en devaneo6;
parece que no tienes de salvarte deseo.»
Dijo entonces Giraldo: «Señor, ¿qué me mandáis?
Yo quiero cumplir todo aquello que digáis,
porque veo que hice grandes iniquidades7,
que no tomé el castigo que dicen los abades.»
Dijo el falso Santiago: «Este es el juicio:
que te cortes los miembros que hacen el fornicio8;
así que te degüelles harás a Dios servicio,
que de tu carne misma le harás tu sacrificio.»
Creyólo el infeliz, loco desaconsejado:
sacó su cuchillejo que tenía amolado9,
cortó sus genitales el malaventurado,
así se degolló, murió descomulgado. [ ...]
El que le dio el consejo con sus atenedores10,
los grandes y los chicos, menudos y mayores,
a su alma trabaron esos falsos traidores,
y llevábanla al fuego, a los malos sudores.
Y mientras la llevaban, no de buena manera,
Santiago los vio, cúyo el romero era,
salióles a gran prisa por aquella carrera,
se les paró delante por la faz11 delantera.
«Dejad -dijo-, malillos la presa que lleváis,
porque no os pertenece tanto como pensáis;
tratadla con cuidado y fuerza no le hagáis,
que no podréis con ella, aunque bien lo queráis»
Respondióle un diablo, parósele reacio:
«Iago, ¿quieres que hagamos de ti todos escarnio12?
¿a la razón derecha quieres tú ser contrario?
Traes mala cubierta bajo el escapulario.
Giraldo hizo enemiga, matóse con su mano;
tendrá que ser juzgado de Judas por hermano.
Bajo todas las luces es nuestro parroquiano:
Iago, contra nosotros no quieras ser villano»
Le repuso Santiago: «Don traidor palabrero,
no os puede vuestra parla valer un mal dinero:
que trayendo mi voz como falso vocero13
diste consejo malo, mataste a mi romero.
Si no le hubieses dicho que tú Santiago eras,
si tú no le mostraras por señas mis veneras14,
no dañara su cuerpo con sus mismas tijeras
ni yacería cual yace por esas carreteras.
Os emplazo ante el juicio de la Virgo María,
ante ella me clamo en esta pleitesía15.
Yo de otra manera no os abandonaría,
pues veo que traéis muy gran alevosía16»
Propusieron sus voces ante la Gloriosa,
cada parte afincó17 claramente la cosa.
Las razones oyó la Reina preciosa,
terminó la baraja de manera sabrosa:
EI engaño sufrido provecho debía hacer,
que el romero a Santiago cuidaba obedecer
creyendo que por eso en salvo debía ser;
pero el engañador lo debía padecer.
Dijo Ella: «Yo esto mando y doylo por sentencia:
el alma por la cual sostenéis la pendencia
ha de volver al cuerpo y hacer su penitencia;
luego como merezca recibirá la audiencia.»
Valió esta sentencia, fue de Dios otorgada;
aquella alma mezquina al cuerpo fue tomada;
aunque le pesó al diablo y a toda su mesnada18,
el alma fue a tornar a la vieja posada.
Levantóse el cuerpo que yacía trastornado,
limpiábase la cara Giraldo el degollado:
estúvose un momento medio desconcertado,
como hombre que duerme y despierta enojado.
De la llaga que tuvo de la degolladura
apenas parecía la sobresanadura19:
perdió todo color y toda calentura;
todos decían: «Este hombre fue de buena ventura»

Vocabulario
6 andas en devaneo: andas perdiendo el tiempo.
7 Iniquidades: injusticias.
8 Fornicio: acto sexual.
9 Amolado: afilado.
10 Atenedores: acólitos, partidarios.
11 Faz: parte, lado.
12 Escarnio: Burla.
13 Vocero: transmisor de las opiniones de otro.
14 Veneras: conchas de peregrino.
15 Pleitesía: muestra de obediencia.
16 Alevosía: cautela, traición.
17 Afincó: declaró.
18 Mesnada: acólitos, partidarios.
19 Sobresanadura: cicatriz.

De todo lo otro estaba bien sano y mejorado
fuera de un hilito que tenía atravesado;
mas lo de la natura, cuanto le fue cortado,
no le volvió a crecer, y quedó en ese estado.
Todo estaba bien sano, todo bien encorado20
para verter sus aguas le quedaba el forado21.
Requirió su repuesto22, lo que traía enfardado,
pensó en seguir su vía bien alegre y pagado23.
Rindió gracias a Dios y a su madre María,
y al apóstol tan santo do va la romería;
se apresuró a marchar, se unió a su compañía,
tenían con el milagro su solaz24 cada día.
Sonó por Compostela esta gran maravilla,
lo venían a ver todos los de la villa;
decían: «Esta cosa debríamos escribirla
a los que han de venir les placerá oírla»
Cuando volvió a su tierra, su carrera cumplida,
y le oyeron la cosa cómo era acontecida,
tenía grandes clamores la gente, era movida
para ver a este Lázaro dado de muerte a vida.
Y paró en su negocio este romero mientes,
cómo lo quitó Dios de los malditos dientes,
y desamparó al mundo, a amigos y a parientes,
por vestir en Cluny hábitos penitentes.
Don Hugo, hombre bueno, que era de Cluny abad,
varón muy religioso y de gran santidad,
contaba este milagro que aconteció en verdad;
poniéndolo en escrito hizo gran honestad.
Giraldo finó en la orden, vida muy buena haciendo,
con dichos y con hechos a su Criador sirviendo,
en bien perseverando, del mal arrepintiendo;
el enemigo malo de él no se fue riendo.

Vocabulario:
20 Encorado: cicatrizado.
21 Forado: agujero.
22 Repuesto: equipaje.
23 Pagado: satisfecho.
24 Solaz: descanso, reposo.


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ARCIPRESTE DE HITA: Libro de Buen Amor.



Se sabe muy poco de la vida de Juan Ruiz, era arcipreste (alto cargo eclesiástico) en la localidad de Hita (Guadalajara). Parece ser que vivió entre 1282-1351.

El libro de Buen Amor es una de las obras más importantes de la Edad Media. El título alude al Amor de Dios que se contrapone al amor humano o al “loco” amor. El Arcipreste recomienda a sus lectores que, para salvar su alma, deben seguir siempre el Buen Amor, en cambio, en el libro aparecen muchas aventuras amorosas que ejemplifican el Loco amor.

El libro está escrito, en gran parte, en cuaderna vía, pero esta estrofa se mezcla con otras.

Esta obra se presenta, como todas las que pertenecen al mester de clerecía, como evangelizadora, con la intención de adoctrinar al lector.

Resulta complicado dar unión a una obra que mezcla partes narrativas, líricas y dramáticas. No puede ser encasillada en un género literario, realmente, lo que aporta unión a toda la obra es el relato autobiográfico. Juan Ruiz cuenta la historia en primera persona. Juan Ruiz cuenta que, a pesar de ser clérigo, ha amado pecaminosamente a muchas mujeres, en total quince: unas del campo (serranas) y otras de la ciudad (monjas, moras…), historias que han acabado desgraciadamente. En la obra aparece una historia amorosa con final feliz, la de don Melón y doña Endrina; aparece una batalla entablada por Don Carnal y Doña Cuaresma, personajes que representan respectivamente, la carne y el espíritu; aparecen numerosos cuentos, como el de Don Pitas Payas, también fábulas, poesías líricas de tema religioso… En realidad, se trata de un libro complejo tanto en lo que concierne al mensaje como al género literario.



Consejos de don Amor

Condiciones que ha de tener la mujer para ser bella

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Si leyeres a Ovidio que por mí fue educado,
hallarás en él cuentos que yo le hube mostrado,
y muy buenas maneras para el enamorado;
Pánfilo, cual Nasón, por mí fue amaestrado.

Si quieres amar dueñas o a cualquier mujer
muchas cosas tendrás primero que aprender
para que ella te quiera en amor acoger.
Primeramente, mira qué mujer escoger.

Busca mujer hermosa, atractiva y lozana,
que no sea muy alta pero tampoco enana;
si pudieras, no quieras amar mujer villana,
pues de amor nada sabe, palurda y chabacana.

Busca mujer esbelta, de cabeza pequeña,
cabellos amarillo no teñidos de alheña;
las cejas apartadas, largas, altas, en peña;
ancheta de caderas, ésta es talla de dueña.
Ojos grandes, hermosos, expresivos, lucientes
y con largas pestañas, bien claras y rientes;
las orejas pequeñas, delgadas; para mientes
si tiene el cuello alto, así gusta a las gentes.

La nariz afilada, los dientes menudillos,
iguales y muy blancos, un poco apartadillos,
las encías bermejas, los dientes agudillos,
los labios de su boca bermejos, angostillos.

La su boca pequeña, así, de buena guisa
su cara sea blanca, sin vello, clara y lisa,
conviene que la veas primero sin camisa
pues la forma del cuerpo te dirá: ¡esto aguisa!




La serrana fea, Aldara, de Tablada


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Hace siempre mal tiempo en la sierra y en la altura,
o nieva o está helando, no hay jamás calentura;
en lo alto del puerto sopla ventisca dura,
viento con gran helada, rocío y gran friura.

Como el hombre no siente tanto frío si corre,
corrí la cuesta abajo, mas, si apedreas torre,
te cae la piedra encima, antes que salgas horre.
Yo dije: -Estoy perdido, si Dios no me socorre.

Desde que yo nací no pasé tal peligro:
llegando al pie del puerto me encontré con un vestiglo
el más grande fantasma que se ha visto en el siglo,
yegüeriza membruda, talle de mal ceñiglo.

Con la cuita del frío y de la gran helada,
le rogué que aquel día me otorgase posada.
Díjome que lo haría si le fuese pagada;
di las gracias a Dios, nos fuimos a Tablada.

Sus miembros y su talle no son para callar,
me podéis creer, era gran yegua caballar;
quien con ella luchase mal se habría de hallar,
si ella no quiere, nunca la podrán derribar.

En el Apocalipsis, San Juan Evangelista
no vio una tal figura, de tan horrible vista;
a muchos costaría gran lucha su conquista,
¡no sé de qué diablo tal fantasma es bienquista!

Tenía la cabeza mucho grande y sin guisa,
cabellos cortos, negros, como corneja lisa,
ojos hundidos, rojos; ve poco y mal divisa;
mayor es que de osa su huella, cuando pisa.

Las orejas, mayores que las del añal borrico,
el su pescuezo, negro, ancho, velludo, chico,
las narices muy gordas, largas, de zarapico,
¡sorbería bien pronto un caudal de hombre rico!
Su boca es de alano, grandes labios muy gordos,
dientes anchos y largos, caballunos, moxmordos;
sus cejas eran anchas y más negras que tordos.
¡Los que quieran casarse, procuren no estar sordos!

Mayores que las mías tiene sus negras barbas;
yo no vi más en ella, pero si más escarbas,
hallarás, según creo, lugar de bromas largas,
aunque más te valdrá trillar en las tus parvas.

Mas en verdad yo pude ver hasta la rodilla,
los huesos mucho grandes, zanca no chiquitilla;
de cabrillas del fuego una gran manadilla,
sus tobillos, mayores que los de una añal novilla.

Más anchas que mi mano tiene la su muñeca,
velluda, pelos grandes y que nunca está seca;
voz profunda y gangosa que al hombre da jaqueca,
tardía, enronquecida, muy destemplada y hueca.

Es su dedo meñique mayor que mi pulgar,
son los dedos mayores que puedes encontrar,
que, si algún día ella te quiere espulgar,
dañarán tu cabeça cual vigas de lagar.

Tenía en el justillo las sus tetas colgadas,
dábanle en la cintura porque estaban dobladas,
que, de no estar sujetas, diéranle en las ijadas;
de la cítara al son bailan, aún no enseñadas.

Costillas muy marcadas en su negro costado,
tres veces las conté, mirando acobardado.
Ya no vi más, te digo, ni te será contado,
porque mozo chismoso no hace bien el recado.

De cuanto ella me dijo y de su fea talla
escribí tres cantigas, mas no logré pintarla;
dos de ellas, cancioncillas, otra para bailarla.
Si alguna no te gusta, léela, ríe y calla.





Historia de Pitas Payas

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No abandones tu dama, no dejes que esté quieta:
siempre requieren uso mujer, molino y huerta;
no quieren en su casa pasar días de fiesta,
no quieren el olvido; cosa probada y cierta.

Es cosa bien segura: molino andando gana,
huerta mejor labrada da la mejor manzana,
mujer muy requerida anda siempre lozana.
Con estas tres verdades no obrarás cosa vana.

Dejó uno a su mujer (te contaré la hazaña;
si la estimas en poco, cuéntame otra tamaña).
Era don Pitas Payas un pintor en Bretaña;
casó con mujer joven que amaba la compaña.

Antes del mes cumplido dijo él: -Señora mía,
a Flandes volo ir, regalos portaría
Dijo ella: -Monseñer, escoged vos el día,
mas no olvidéis la casa ni la persona mía.

Dijo don Pitas Payas. -Dueña de la hermosura,
yo volo en vuestro cuerpo pintar una figura
para que ella os impida hacer cualquier locura.
Contestó: -Monseñer, haced vuestra mesura.

Pintó bajo su ombligo un pequeño cordero
y marchó Pitas Payas cual nuevo mercadero;
estuvo allá dos años, no fue azar pasajero.
Cada mes a la dama parece un año entero.

Hacía poco tiempo que ella estaba casada,
había con su esposo hecho poca morada;
un amigo tomó y estuvo acompañada;
deshízose el cordero, ya de él no queda nada.
Cuando supo la dama que venía el pintor,
muy de prisa llamó a su nuevo amador;
dijo que le pintase cual supiera mejor,
en aquel lugar mismo un cordero menor.

Pero con la gran prisa pintó un señor carnero,
cumplido de cabeza, con todo un buen apero
Luego, al siguiente día, vino allí un mensajero:
que ya don Pitas Payas llegaría ligero.

Cuando al fin el pintor de Flandes fue venido,
su mujer, desdeñosa, fría le ha recibido:
cuando ya en su mansión con ella se ha metido
la figura que pintara no ha echado en olvido.
Dijo don Pitas Payas: -Madona, perdonad,
mostradme la figura y tengamos solaz
-Monseñer -dijo ella- vos mismo la mirad:
todo lo que quisieres hacer, hacedlo audaz.

Miró don Pitas Payas el sabido lugar
y vio aquel gran carnero con armas de prestar.
-¿Cómo, madona, es esto? ¿Cómo puede pasar
que yo pintar corder y encuentro este manjar?

Como en estas razones es siempre la mujer
sutil y mal sabida, dijo: -¿Qué, monseñer?
¿Petit corder, dos años no se ha de hacer carner?
Si no tardaseis tanto aún sería corder.

Por tanto, ten cuidado, no abandones la pieza,
no seas Pitas Payas, para otro no se cueza;
Incita a la mujer con gran delicadeza
y si promete al fin, guárdate de tibieza.




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